Mi primera cita con Edward

El viaje a la Biblioteca es uno de los que considero más fascinantes, porque es la antesala del encuentro. Así como la expectativa y los nervios comienzan su juego cuando tienes esa primera cita, algo parecido me pasa cuando la primera cita es con ese fiel acompañante: el libro. Seguro más de uno pensará: «¡uy qué aburrida esta chica por Dios!», pero lo digo en serio. Cuando se trata de viajar, trasladarte, tomar el metro y/o bus, llámenle como quieran, siempre que el destino sea la biblioteca se me presenta muy placentero, por lejos que esté mi destino.

Todo el proceso es agradable: llegar y saber que podré ojear las páginas de ese libro que me he marcado como objetivo; saber que el siguiente paso será tenerlo en mis manos; luego ojearlo; transpirar el olor a libro viejo y sentir las marcas invisibles que han dejado los dedos de otros lectores que como yo, se acercan a su lectura. Todo en suma me hipnotiza por completo.

Después de tres semanas, me quedan justo 4 días para devolver el libro de Edward Said, titulado «El Orientalismo». Brevemente, les cuento que se trata de una de las obras más ejemplares de Said, crítico y teórico literario y musical, y activista palestino-estadounidense. En la obra presenta por primera vez el concepto de Orientalismo basado en la representación subordinada y marginada que de Oriente ha manifestado Occidente, desde la superioridad moral y cultural que les ha favorecido el poder. Lectura obligatoria para la Tesis.

La historia es que el libro me lo pude haber descargado de Internet, hay mil formas de recuperar un clásico en formato digital, sin necesidad de tener el libro físico. Ventajas: ganas tiempo, no tienes que trasladarte, puedes tomar las citas copiando y pegando (siempre referenciando) sin tener que teclearlas manualmente.

Pero hay cosas que llegan para quedarse, y soy de las que confía en que el libro físico es una de ellas. Ventajas: una lectura definitivamente más cómoda y creo que más cercana con el autor y su obra. Además, puede haber una catarsis global que te haga perder toda la información disponible en tu ordenador, se puede caer la red dejándonos en la más completa oscuridad y aislamiento. Exagero un poco, pero para reafirmar que la ausencia de tecnología no lo hará desaparecer, el libro en papel perdura en el tiempo, y para ello solo necesita de nuestro cuidado.

También se pueden coleccionar, hobby no. 1 que tengo desde niña. Atesorar libros es como ir haciendo crecer una obra de arte en el diminuto espacio de lo que puede ser una estantería.

Cuando salí de la Habana, una de las cosas que más eché en falta fue mi biblioteca personal, no podía viajar con tantos libros porque pesaban más de 30 kg y quién le iba a explicar a la aerolínea que, por favor, me permitiese 3 maletas de 30 kg cada una, para no tener que dejar atrás mis libros. Pues no, me tocó despedirme también de ellos. Actualmente, yacen en varios maletines guardados porque nadie les ha dado uso y es una pena. Así que aprovecho estas líneas para dejar caer que estoy donando libros en La Habana, Cuba.

Es un pequeño triunfo tener un libro en papel y saber que en tus manos tienes un esfuerzo intelectual que merece la pena ser valorado. No hay libros malos, al menos así lo creo, hay libros que gustan más, hay otros que no gustan, unos mejores que otros, pero todo está absolutamente condicionado por el punto de vista del lector.

De vuelta a mi cita. Llegué a la Biblioteca decidida a ese primer encuentro con Edward Said y no esperé a llegar a casa para meterme de a lleno en la lectura, otro día se las cuento 😉


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