Lo idílico de lo absurdo

«La discreción de la elegancia» de Lucio González (2020)

Yo no sé qué fue lo que pasó, pero quedé prendada de esta obra desde el primer momento en que la vi. Quizás fueron las formas, los colores, el nombre mismo o, a lo mejor, fue todo a la vez. Lo cierto es que acercarme a ella me hizo imbuirme tanto en su lectura, que de abstracta se me antojó una puerta a la libertad de mi imaginación.

Detenida justo frente aquella pared, observaba absorta aquel cuadro de acrílico sobre algodón, como imán que atrae a todo metal que se encuentre cerca. Allí dejé de estar por algunos minutos, intentando comprender cada trazo y descifrar el rompecabezas. De repente me metí en la historia como si fuera un personaje más.

Y el lugar donde me encontraba en principio, dejó de ser un salón de exposiciones y pasó a ser una habitación llena de personajes absurdos, desnudos, que hacían el amor de manera fogosa y apasionada como si no hubiera un mañana. Personajes todos que a simple vista parecían descabellados ante la vista de cualquier mortal, pues carecían de las formas habituales en las que se constituye el cuerpo de una persona. Simulaban más bien la constitución del misterioso animal mitológico, el conocido minotauro, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, a diferencia de que los que tenía a la vista adquirían otras siluetas desproporcionadas y diversas, difíciles de definir.

En el centro se encontraban dos de estas figuras, en abierta posición de coito, en donde uno/a penetraba al otro/a. Todo era confuso dentro de aquella habitación, no había sexos definidos, simplemente todo parecía natural. No existían reglas ni dogmas capaces de limitar aquel festín de cuerpos desproporcionados, manos, pies, personajes sin cabeza, uñas, rostros sin ojos ni bocas, besos lanzados al aire sin labios.

Desde el encontrarme en el espacio reducido de esa habitación, era todo un absurdo, pero lo maravilloso era que no había necesidad de explicarse nada, todo ocurría porque sí. Parecía la simulación de un no mundo, en donde no hay posibilidad de lo absurdo, porque todo es absurdo en sí mismo. El sin sentido es precisamente lo que daba lugar a este no mundo.

La filosofía del escritor francés Albert Camus, nunca encontró mayor practicidad que justo en ese momento, en el que, por pura ley de atracción, acabé en el habitáculo de un absurdo que se me antojó placentero. De acuerdo a la filosofía de Camus, la vida es algo insignificante, y solo tiene el valor que nosotros le creamos. De esta forma, puede entenderse la vida como un conjunto de repeticiones inútiles, vacías y carentes de sentido y significado, que se llevan a cabo más por costumbre, tradición e inercia que por coherencia y lógica. Y allí, en medio de todo aquello, irrumpía yo en esa habitación donde el sentido de la vida misma era única y exclusivamente ese momento absurdo, ilógico e incoherente.

Yo era la observadora no participante, acogida por el calor humano que me rodeaba. El éxtasis, los orgasmos eran el fondo musical que despertaba los colores de la sala, como si de una orgía se tratase en medio de una comunidad primitiva de gente que solamente quiere disfrutar del placer humano del sexo. No tardó uno de esos personajes en dirigirse a mí y darme la bienvenida con un estilo tan refinado que no parecía que hace unos segundos hubiese gritado férvidamente ante el placer de un orgasmo. Me hacía partícipe de aquel ritual que, por extraño que ahora parezca ante mis ojos, parecía guardar, con discreción, la elegancia de aquel universo.

De pronto alguien tocó mi hombro, pero esta vez sentí el peso de una mano de carne y hueso, no tardé en regresar a la sala, extrañada y un poco aturdida por el shock con un nuevo mundo de proporciones definidas, ¿el mundo real? Deseé haberlo podido disfrutar unos segundos más, el mundo real estaba del otro lado.


Sobre el autor

Lucio González

Artista Mexicano de origen Sueco, su trabajo combina elementos ingenuos con arte indígena, así como con algunos movimientos artísticos de vanguardia como el cubismo, el expresionismo y el surrealismo. Es una exploración de la belleza de lo singular y lo fragmentario. Muestra una corporalidad absurda atravesada por lo onírico y lo gestual.

Sitio Web: http://www.luciogonzalezart.com/index.php


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