“Hi, would you like something to drink?”

Hace unos días atrás fui a un bar con unas amigas. Para nuestra sorpresa, cuando se nos acerca el camarero, su primera frase de presentación en un mal pronunciado inglés, fue la siguiente: «Hi, would you like something to drink?».

Nosotras nos quedamos mirando extrañadas, estaba convencida de que telepáticamente las tres nos hacíamos la misma pregunta: ¿por qué nos habla en inglés?

Para contextualizar un poco: éramos tres chicas negras, sentadas en un bar en la calle Alameda, radicada en Sevilla, España. Una colombiana, una nigeriana y una cubana que charlaban tranquilamente en una asidua zona de la capital andaluza. Las tres hablábamos español, pero claro, parece ser que nuestro color de piel “gritaba” a viva voz que éramos extranjeras.

Llevábamos semanas decidiendo hacer ese encuentro, y aunque el plan era que se unieran más chicas, terminamos siendo tres, pero con el empuje de un millón. La idea que nos llevó ahí era crear redes de trabajo sobre experiencias de mujeres negras en Sevilla. El camarero, sin saberlo, nos ayudó por lo menos, a romper el hielo.

Puede que se pregunten: ¿qué es lo raro de que les hablen en inglés si son extranjeras? ¿Pudiéramos ser de un país anglo parlante? Si, una de nosotras lo era aunque hablaba español impecablemente ¿Pudiéramos ser de un país hispanoparlante? Si, en efecto también lo éramos. ¿Pudiera ser que no nos haya escuchado hablar español ya sentadas? También, puede ser. Pero este hecho tenía precedentes para las tres, no sólo nos unía en ese momento nuestro color de piel, sino que las tres ya habíamos vivido situaciones similares en otras ocasiones.

Debo reconocer que cada vez que paso por ello no puedo evitar reír. El conflicto no radica en si es evidente o no que seamos extranjeras, sino que nuestra negritud es lo que se asocia con algo de afuera, de otros contextos y no propio de este lugar. Por mi parte, llevo menos de dos años viviendo en España, pero mis compañeras llevan entre 15 y 17 años viviendo aquí. Sus historias tienen un vínculo especial con este país y aunque sus orígenes sean foráneos, ellas han desarrollado un sentido de pertenencia e identidad que las ha hecho formar parte, involucrarse, mezclarse con una cultura que también les pertenece de una forma u otra.

Lo gracioso y que nos puso a pensar es: nosotras nacimos en otro país, somos extranjeras pero, ¿qué pasa con lxs negrxs espanolxs nacidos aquí? ¿Es contradictorio decir que se es negro o negra español o española? La respuesta parece no ser tan obvia en un país que niega la negritud como característica propia, así lo apunta Deborah Ekoka, gestora cultural y coordinadora de la librería United Minds, al decir que:

«España es un territorio que siempre tiende a ocultar su pasado relacionado con la negritud para parecer más europeo. Pero ha habido personas afroespañolas desde hace siglos. Se ha querido blanquear a España negando la diversidad real».

Las historias de vida de mujeres y hombres españolxs negrxs también ratifican esta realidad que atenta contra su integración e identidades individuales. En este sentido, la periodista Lucia Mbomío apunta:

“España se piensa y se ve solo de una manera y no entiende que su riqueza cultural tiene que ver con las diásporas múltiples. Muchos españoles se sorprenden de que haya personas negras que hablen perfectamente en castellano… Creces sintiéndote sola, desde pequeña estás en una batalla constante”.

Por no hablar del papel de los medios de comunicación y su contribución en la perpetuación de prejuicios, estereotipos y mitos racistas.  En un análisis que hace el lingüista neerlandés Teun A. van Dijk, titulado “El racismo y la prensa en España”, el autor analiza la manera en que la prensa de calidad española aborda los sucesos étnicos y la inmigración.

En su trabajo llega a la conclusión de que, así como ocurre con el resto de Europa, los periódicos apenas contratan periodistas que pertenezcan a alguna minoría, de ahí a que no exista diversidad en las redacciones. Las organizaciones que representan a los inmigrantes rara vez aparecen citadas como protagonistas de noticias y tampoco hay un hábito de ofrecer información sobre los eventos étnicos.

Existe un sesgo perceptible que viene condicionado por la negación del racismo y la supremacía que se le otorga a los valores “democráticos” europeos. Se apunta además que las mediaciones viene influidas también por las imágenes estereotípicas de los inmigrantes, el énfasis del alarmismo sobre el control de las fronteras, la “invasión” de pateras desde el norte de África y la propia argumentación del discurso. En muy contadas ocasiones se habla de la discriminación cotidiana que sufren miles de personas.

Mientras esta realidad que comunican los medios siga siendo una constante, historias como la de Silvia Albert, actriz nacida en San Sebastián, País Vasco, serán propensas a repetirse una y otra vez dada la influencia del racismo y la omisión de la negritud como parte de la propia raíz de la nación española.

«Soy negra, española, vasca, catalana, alicantina, murciana y olé. Y en mis 41 años me han preguntado si soy nigeriana, guineana, camerunesa, congoleña, brasileña, colombiana, dominicana, neoyorkina, francesa, portuguesa… Pero jamás nadie, nunca, me ha preguntado si soy de aquí». 

Cada historia es un mundo distinto a otro. El mito de que todas las personas negras son africanas, es una falsa; así como también lo es la generalización de hablar de África como si fuera un país cuando es un continente conformado por 54 países reconocidos por la ONU. Es considerado el de mayor cantidad de países, en donde inglés y francés son los idiomas oficiales más hablados, pero donde la diversidad lingüística es tan rica que existen más de 2000 lenguas,  así que ¿cuántas historias únicas no existirán en África?

Algo parecido sucede con América. En lugar de generalizar, casi siempre se restringe su territorialidad a un solo país. Es muy frecuente asociar lo americano a lo perteneciente a Estados Unidos, como si este lo representara por sí solo. El continente americano es uno de los más grandes del planeta y su territorio lo conforma casi el 12% de población mundial; español e inglés son los idiomas más hablados. En su espacio geográfico están asentadas 35 naciones soberanas, 1 Estado Libre Asociado  y 24 territorios independientes.

Estos dos continentes agrupan múltiples y variadas historias. Todas ellas importan. Cada una tiene algo que las distingue y esto es lo que las hace especiales. Es importante saber valorar sus especificidades, puesto que al decir de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie, el no hacerlo puede atentar contra la dignidad de los pueblos que representan.

«Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla», Ngozi en “El peligro de la historia única”.

Sobre esto y otros temas giró nuestra conversación, aquella que comentaba al principio… la de tres chicas negras sentadas en un bar en la Alameda. Ni siquiera éramos conscientes de que se hacía tarde.

Estábamos concentradas en proyectos, en conocer las historias particulares de cada una, en preguntarnos y respondernos cuestionamientos, muchos de los cuales eran recíprocos, en intentar entender la realidad que nos rodeaba… También sabíamos que un día no iba a ser suficiente para ponernos al corriente de todo y evacuar tantas interrogantes.

Mientras nos decidíamos a continuar la interesantísima charla en otro momento, alcé mi mano y de un golpe, las tres respondimos alto, claro, en perfecto castellano y al unísono como si nos hubiéramos puesto de acuerdo:

«Por favor, la cuenta» .

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Apropiación cultural y el peligroso roce con “estar a la moda”

“Estar a la moda”, ese deseo que nos mantiene pendientes a las últimas tendencias en materia de ropa, calzado, bisutería y un gran número de indumentarias poco indispensables para la vida. Aún a sabiendas de que no satisfacen necesidades básicas, nos constreñimos a una espiral que nos va consumiendo poco a poco en ciclos de permanente cambio de apariencia.

La costumbre e inclinación por “estar a la moda” ha sido algo natural que define momentos y lugares específicos. Nuestra percepción en este sentido no es invariable, al contrario, puede cambiar a la par de nuevas tendencias y estilos que, de forma cíclica, vienen y van.

No sólo son los consumidores quienes marcan qué es lo que está de moda, las grandes empresas comercializadoras de productos también influyen sobre esto y en esencia, definen los patrones de consumo. Es por esto que existe una relación dual entre la oferta y la demanda que lleva a que la producción y el consumo sean elementos inseparables. En estas lógicas muchas veces se generan procesos de apropiación cultural.

La moda está en constante transformación y mueve dinámicas de cambio en el campo de la producción, poniendo todo el tiempo en oposición, discursos en torno a lo que se considera nuevo y viejo, caro y barato.

La excesiva preocupación que genera el consumo de lo que “está a la moda” no sólo refuerza ataduras a normas y determinados esquemas de belleza, sino que también legitima la explotación que genera la industria sobre las personas que trabajan detrás de las grandes empresas como mano de obra barata y bajo condiciones muy desfavorables. La industria la ha utilizado como instrumento de distinción de clases, reproduciendo en ello una segregación social y cultural que intenta visibilizar una aparente igualdad.

Las tendencias de moda han bebido de una fuerte mediatización. Sus productos se han visto insertados dentro de una industria cultural que busca apropiarse de las tradiciones simbólicas de las distintas culturas para ponerlas a la vista de un mercado que termina desvalorizando su significado. Un ejemplo lo tenemos en el uso de los rastas o dreadlocks, cuyo valor ha sido minorizado a través de la mediatización de simbolismos, volviéndolo un peinado exótico que en el fondo, seculariza la visión de Rastafari, de donde proviene este elemento cultural.

Estas tendencias de apropiación también han sido desarrolladas por los grandes grupos empresariales. Con el interés de ganar consumidores y aprovechándose de un prestigio de marca, se han adueñado de elementos culturales (peinados, danza, música, etc.) que han formado parte de la raíz histórica de naciones oprimidas. Esta práctica es conocida como apropiación cultural, lo que ejercen muchas empresas al extraer elementos culturales pertenecientes a un grupo social o comunidad y utilizarlo en provecho de sus beneficios económicos, e induciendo el silencio en torno a su origen, borrando toda huella de la cultura original.

Apropiarse significa hacer propio lo que a uno no le pertenece, por tanto es un ejercicio de poder. Ello refuerza el desequilibrio, al tomar sin permiso aquello que se quiere, normalmente sin respeto o conocimiento, despojando a las naciones de su historia y cultura. De ello ha traslucido además, la trivialización de la opresión histórica de una cultura sobre otra, el lucro resultante de la marginación cultural de elementos definitorios de otras naciones y la formación de prejuicios y estereotipos sobre las mismas.

Las empresas de moda han recurrido a estas prácticas al intentar apropiarse de algún aspecto de una cultura para implementarlo en su marca. El desarraigo cultural y el irrespeto a la cultura de naciones menos privilegiadas resulta ser un negocio rentable para las mismas puesto que les ha supuesto cuantiosas ganancias económicas.

Existe una larga lista de ejemplos. La podemos encabezar con John Galliano, diseñador británico que en 2003, al frente de la compañía que fuera fundada por el diseñador de moda Christian Dior, presentó un desfile de la colección Spring Couture. El mismo se termina convirtiendo en un show mediático ofensivo hacia elementos definitorios intrínsecos de la cultura china y japonesa. 

Desfile de la colección Spring Couture de Christian Dior, 2003.

Victoria’s Secret se convierte en otro ejemplo que pone de manifiesto la perpetuación de estereotipos sobre una cultura que ha sido marginada. En el año 2017 se colocó su desfile, Nomadic Adventure, en el centro de las críticas al representar en una colección en la pasarela de Shanghái, la exotización de las nativas americanas a través de modelos adornadas con plumas, coronas, alas. El show refuerza en todo momento la sexualización de la mujer y con ello el despretigio de la cultura nativa americana. Es sin dudas un ejemplo fiel al problema de la apropiación cultural.

Desfile de Victoria’s Secret en Shanghái, 2017.

Zara también ha entrado en controversia más de una vez. En 2018 puso a la venta un diseño en un color y forma muy similar al del Lungi, sin darle crédito a la cultura de la que se deriva. El “lungi” es una prenda tradicionalmente usada por hombres en países como India, Sri Lanka, Bangladesh, Pakistán, Nepal, Camboya y Tailandia, regiones en las que su uso viene asociado a su capacidad por soportar el clima húmedo que predomina.  

El respeto hacia las culturas, pasa por conocer sus orígenes, su historia, sus voces protagonistas. Un paso en este camino se dará cuando tengamos en cuenta de que lo que consumimos también nos define y nos hace partícipes de las dinámicas de apropiación cultural que despojan a las culturas de su historia. Compartir, escuchar, formarnos e informarnos, abrirnos al conocimiento de las distintas realidades culturales que existen y consumir con responsabilidad, es un paso en el camino hacia una sociedad en donde el intercambio respetuoso sea una premisa básica.

“Clarita te ves más bonita”

La semana pasada una amiga compartió conmigo un post publicado en Twitter, en el que Dominique Apollon, vicepresidente de investigación de la ONG contra el racismo Race Forward, expuso su testimonio al encontrar curitas del color de su piel. Emocionado por encontrar un producto adaptado a él, expresó su satisfacción por la existencia de una opción distinta a la experiencia blanca. En el tweet decía lo siguiente:

“Me costó 45 viajes alrededor del sol, pero por primera vez en mi vida sé lo que se siente tener una curita de mi propio tono de piel. Apenas se puede ver en la primera imagen. De verdad estoy conteniendo las lágrimas” (Traducción al Español).

Es poco frecuente encontrar productos adaptados a tonos distintos de piel. En un mundo pluricultural y diverso como el que vivimos no se tiene en cuenta la diversidad. Por ejemplo, casi toda la industria cosmética de los productos de belleza está diseñada a la medida de tonos de piel claros, en su mayoría blancos. Todo pareciera indicar que la exclusión es la norma.

La adaptación de los productos a tonos de piel clara ha condicionado la exclusión del resto. Y un fenómeno que se ha globalizado como consecuencia de ello es la “blanquitud deseada” que promueven los medios de comunicación y el incentivo que ponen sobre tratamientos de blanqueo de la piel. Todo esto influye directamente sobre la educación de las personas y sobre la naturalización de prácticas racistas en nuestra cotidianidad. Las mujeres se han visto especialmente afectadas por este bombardeo mediático de anuncios publicitarios y comerciales que dictan la norma de lo que “está de moda” y de “cómo estar a la moda”.

El blanqueamiento de la piel es un fenómeno muy popular en numerosos países, para el que se emplean varios métodos, que suelen tener efectos adversos para la salud. Un documento publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2011 muestra los altos porcentajes en la utilización de productos de blanqueamiento en varios países de Asia y África

-África (25% de las mujeres en Malí, el 77% en Nigeria, el 27% en Senegal, el 35% en Sudáfrica y el 59% en Togo).
-En 2004, casi el 40% de las mujeres encuestadas en China (Provincia de Taiwán y Región Administrativa Especial de Hong Kong), Filipinas, Malasia y la República de Corea usaban productos para aclarar la piel.
-En la India, los productos para aclarar la piel constituyen el 61% del mercado de productos dermatológicos (OMS, 2011).

Aunque estos tratamientos son actualmente prohibitivos en países como Nigeria, Sudáfrica y Kenia, se adolece de vías de control ya que siguen siendo accesibles en los mercados. En 2017, la firma de inteligencia de mercado Global Industry Analysts mostró estadísticas globales en donde la demanda de blanqueadores se calculó en 17.9 mil millones de dólares y se estimaba que alcanzaría los 31.2 mil millones para 2024.

Ante esta situación los medios actúan como detonantes en contra de la necesaria educación sobre el tema, ratificando en ello conductas racistas. Ejemplos de malas prácticas publicitarias podemos encontrar un gran número. Algunas no tan recientes, como es el caso del anuncio promocionado por la empresa de productos de limpieza The Fairbank Corporation, a principios del Siglo XX, en el que se anunciaba un jabón con la imagen de un niño blanco y rubio, ofreciéndole a otro niño negro que usase una determinada marca de detergentes.

Anuncio del jabón Fairy.

La industria cosmética en Asia, por otra parte, se ha enrriquecido a raíz de la obsesión por la piel clara. En este país se vincula el color de la piel con el estatus, el éxito en la vida, la meta de conseguir pareja y hasta con la felicidad. Un ejemplo es el anuncio protagonizado por la cantante, modelo y actriz tailandesa Cris Horwang en 2016, la que enfatiza que su tez clara es lo que le ha llevado a la fama. El lema del anuncio era “ser blanco te hace ganar”.

La aseveración de la compañía estuvo basada en que su producto contiene un compuesto de semillas de kiwi que ayuda a “no volverte negro”. El anuncio reproduce la idea ancestral de asociar la negritud con lo sucio, lo mundano, lo bajo en la escala social, y además, hay un fuerte contenido sexista que exalta el mito de la belleza como la meta a alcanzar.

Anuncio publicitario de la marca Seoul Secret.

La Campaña de Dove también ha estado en el centro del banquillo con alto contenido racista. En 2011 un anuncio de una línea jabón de esta empresa fue acusado por alinear a tres mujeres del tono de piel más claro a más oscuro para indicar un “antes” y un “después”. Esta publicidad termina reproduciendo el mismo error de Fairy años antes, se asocia la supuesta limpieza de la piel con la blanquitud, como si los colores oscuros representaran suciedad.

Anuncio publicitario de Dove.

Otro anuncio, también indignante, fue la campaña de publicidad desarrollada en Malasia por la empresa de bellezaWatsons en 2017. En 14 extensos minutos condensa como plato fuerte  todo lo que de racista, xenofóbico y sexista puede existir.

El anuncio cuenta la historia de cómo, un grupo de princesas, hacen una audición para impresionar a un comerciante rico. En el minuto nueve el protagonista escucha la voz de una dama que está cantando. Su rostro está cubierto con una máscara y cuando el comerciante le pide que lo descubra, la mujer deja al descubierto su negritud ¿Cómo se describe el final feliz? Después de que ella lavara su piel oscura, el comerciante se enamora perdidamente y esta le confiesa: “No soy negra, de hecho, estoy impecable”.

Imagen de la protagonista del anuncio de Watsons.

Ante la representación en extremo ofensiva y desagradable dirigida por la empresa, tampoco se contribuyó a apagar ni un poco el caos que incitó, pues sus argumentos de supuesta disculpa fueron: “El video fue rodado para resaltar la leyenda y sus valores morales de belleza interior y que el amor verdadero existe”.

Los mitos del amor romántico pueden ser visibilizados ampliamente en este comercial: el asociar a la consecución del amor con la felicidad, glorificando la búsqueda de la otra mitad como una meta vital. El predominio del carácter patriarcal del anuncio, en donde la hombría es relacionada con la fortaleza, la independencia, el poder, la autoridad; mientras que la feminidad se asocia con la inestabilidad, la afectividad, la pasividad, el cuerpo y la belleza normada.

Los medios han fortalecido la exclusión de la industria de la belleza. Luego de que han salido anuncios publicitarios racistas, algunas compañías reconocen públicamente la publicidad negativa, otras simplemente silencian los errores y punto en boca. Pero todas las acciones tienen consecuencias, y que estos errores sigan estando a la orden del día en la actualidad, es un reflejo de lo arraigado que está el problema socialmente.

Pero también es válido señalar buenas prácticas.  “Oscuro es bello” es un ejemplo de ello. Se trata de una campaña que se impulsó en 2013 y que levanta su esencia contra los prejuicios hacia la piel oscura. El anuncio celebra la diversidad de los colores de piel en India.

“Dark is beautiful”, campaña por la diversidad de colores de piel.

Por más que se diga que la moda es cíclica, no es un secreto para nadie el hecho de que está sujeta a esquemas en donde casi siempre predomina lo blanco, las tallas pequeñas, la estatura “adecuada”, lo excesivamente delgado… Cuestionemos las normas porque no están hechas para que nos sintamos prisioneras de ellas; celebremos los colores de piel, por diversos que sean, todxs merecemos celebrar la belleza existente en nuestra infinidad de matices.

Mujeres racializadas… ¿somos todas? (II)

Hatibi es una mujer musulmana y cuenta su propia historia sobre el racismo institucional del que ha sido víctima como mujer, musulmana e inmigrante: “Ocurren cosas como que una escuela impida que sus alumnas musulmanas vayan a clase porque llevan velo, aunque no haya una ley que lo prohíba. Es una decisión que se toma desde un espacio de poder, en este caso, la dirección de un colegio”.

Sofía Carrillo es una mujer peruana, periodista e inmigrante. En una entrevista que le hiciera Diana Sierra, de la Revista Afroféminas, afirma que el racismo ha sido parte de su vida y lo ha sentido en carne propia cuando, ante su conocimiento sobre ciertos temas, la gente reacciona sorprendida. “No asumen que una mujer negra pueda entre comillas hablar bien, hablar tantos temas, tener una opinión y una posición política”.

En estas experiencias concretas pesa la carga negativa que se impone socialmente sobre la etnia, el género, la clase social, el origen migratorio, entre otros elementos condicionantes de la opresión que han tenido que enfrentar. Estas dos mujeres han sido víctimas de un racismo estructural manifiesto en nuestra sociedad actual, pero no son historias nuevas.

Buscando indagar en el término racismo para su análisis, nos encontramos con el concepto que aporta la Real Academia de la Lengua Española (RAE), en donde se encuentra definido en relación con el vocablo raza:

«De raza e -ismo. 1. m. Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive. 2. m. Ideología o doctrina política basada en el racismo » .

Entre las definiciones que aporta la RAE sobre la raza se encuentra:

«Cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia».

El término raza comienza a utilizarse como instrumento de clasificación social para explicar las supuestas diferencias estructurales biológicas entre los diversos grupos que encontraron los europeos durante la colonización de América. Todo lo que hiciera referencia a este, marcaba jerarquía y superioridad de unos grupos sobre otros. Utilizarlo como atributo distintivo biológico entre personas es incorrecto porque lo que entraña es un significado social.

En este sentido, se reconoce su valor como construcción social que no sólo habla del color de la piel, sino de todo lo que social y culturalmente vendría asociado a esto.

Académicos que han profundizado en su origen y en si hablar de razas es pertinente o no, han afirmado que «la raza es socialmente construida, históricamente maleable, culturalmente contextual, y reproducida mediante prácticas perceptivas aprendidas» (Alcoff, 2006, p. 182). Por tanto, no existe como categoría de clasificación humana, pero es preciso nombrarla por los efectos que de ella derivan, las consecuencias de poder implícitas y las desigualdades que ha designado entre los individuos. 

Estoy a favor de la pertinencia de hablar de etnias, por tratarse del concepto más adecuado para hacer referencia a las prácticas culturales y perspectivas que distinguen a una determinada comunidad de personas. Pero en este contexto hablaré de razas porque nos puede ayudar a entender su connotación y el peso que ha derivado en los procesos de empoderamiento de grupos socialmente marginados.

Cuando procedemos a la búsqueda de racialidad o racializar, estos términos no encajan en ningún resultado de búsqueda de la RAE, aunque sabemos que derivan de raza. Sin embargo, el concepto racialización sí ha estado en el centro de los estudios de la Teoría decolonial. Esta explica cómo el sujeto “blanco” europeo creó la idea del “ser” asociado a sí mismo y a la del “no ser” lo relacionó con una “otredad” en la que confluían el resto de las personas. Con ello terminó marginando a este grupo mediante el uso de la voz raza.

Durante el período de colonización se descalificaron las manifestaciones culturales y modos de vida de los indígenas, considerándose incivilizado y primitivo todo lo ajeno a la cultura de los colonizadores (Pineda, 2014). Ello conllevó el dominio, sometimiento y la construcción de otredades a través de su racialización; la cual actuó como justificación para el aniquilamiento físico, simbólico y la subalternización de todo aquel considerado diferente.

La Teoría decolonial despertó la acción colectiva de prácticas emancipadoras contra el dominio cultural y económico que impuso la colonización, cuestionando la supremacía de valores y patrones de poder. En ello buscaba cuestionar y denunciar la racialización y colonización en vínculo directo con el sistema dominante. Dicho término ha marcado jerarquías de superioridad e inferioridad y ha sido tomado por las voces subalternas como un valor reivindicativo de sus identidades.

En estos procesos de empoderamiento y reivindicación ha confluido la lucha feminista de muchas mujeres que se identifican como racializadas ante la marginación y discriminación que el sistema ha impuesto sobre ellas por su origen de nacimiento, rasgos físicos, cultura.

La mirada hacia cómo nos nombramos debe estar por encima de las connotaciones negativas y racistas que determinen los grupos dominantes sobre nuestras formas de nombrarnos. Ser negra, gitana, musulmana ¿y qué? La esencia está en sostenernos en nuestras propias identidades ante las intenciones de opresión, deslegitimación y deshumanización social de las mismas.

Victoria Santa Cruz así lo canta en su poema Me gritaron negra, el que encierra un mensaje de empoderamiento ante el intento de unos grupos por despreciar las identidades de otros y por trasladar desprecio y valores negativos hacia características que nos definen y por las que deberíamos estar orgullosas.

«Y bendigo al cielo porque quiso Dios
que negro azabache fuese mi color
».

Mujeres racializadas ¿somos todas? Sí, todas, con independencia de nuestro color de piel, unas se encuentran en el conjunto de lo denominado “superior” y otras en el conjunto de lo “inferior”. Con ello no intento negar la diversidad de nuestras identidades puesto que no es posible, entraría en una contradicción propia de la categoría identidad como concepto que no es fijo, sino que se recrea individual y colectivamente y se alimenta continuamente de la influencia exterior (Molano, 2007, p. 73).

¿Vivimos del mismo modo nuestras experiencias como mujeres racializadas? No. Sin dudas, categorías como el color de la piel, preferencias sexuales, clase, origen migratorio, religión, entre otros elementos terminan caracterizando nuestras historias situadas. Compartimos códigos comunes pero indiscutiblemente somos seres humanos distintos y diversos.

Cierto que el propio término raza justifica dinámicas de opresión y supremacía y considero totalmente legítima y necesaria la reinvindicación de grupos históricamente subordinados, pero alcémonos con nombres propios que marquen la especificidad de nuestras luchas como mujeres negras, musulmanas, gitanas, etc.

Nuestras opresiones son particulares, somos mujeres racializadas todas pero las experiencias como mujer racializada negra no son las mismas que las de otras mujeres también racializadas. Las personas blancas también son racializadas, y sobre la blanquitud también se ha construido un sistema de privilegios que es preciso desmontar en función de eliminar las desigualdades y jerarquías.  La crítica al pelo afro, al color oscuro, a rasgos fenotípicos particulares, difiere de la crítica de que han sido víctimas otros grupos sociales.

¿Y si me preguntan a mí? Soy mujer negra, cubana e inmigrante y recuerdo los primeros días fuera de mi país. La sensación que tenía cada vez que andaba por la vía pública era la de sentirme observada todo el tiempo. Ahora ha disminuido, pero porque me ha dejado de importar, porque percibo que voy más cómoda conmigo misma y no con lxs demás.

Me gritaron negra, Victoria Santa Cruz

Mujeres racializadas ¿somos todas? (I)

Andaba la semana pasada preparando dos comunicaciones para el Congreso Comunicación y Pensamiento en la Universidad de Sevilla. Me estuve sintiendo ansiosa desde el fin semana antes de que tuviera lugar.

Para contextualizar un poco sobre lo presentado: uno de los trabajos, sobre apropiación ideológica y feminismo negro, lo hice en colaboración con Laura Manzano, colega de investigación. Durante la exposición decidimos hacer una parada para señalar la diferencia entre raza y etnia. Pero en la explicación-que debía ser breve- de momento mi cabeza se truncó y en voz alta terminé ramificando lo que se suponía un paréntesis en el discurso, con un cuestionamiento que no estaba previsto: ¿por qué se utiliza el término “mujeres racializadas”?

Para profundizar en los argumentos que se sostienen sobre esta pregunta he decidido dividir este post en dos partes dado que debo economizar el espacio destinado a la lectura. La cuestión radica en que, intentando encontrar una respuesta he encontrado muchos caminos. Pretendiendo mostrar qué se dice sobre “mujeres racializadas”, decidí hacer una búsqueda en los resultados de imágenes del buscador Google, a razón de constituir este el motor de búsqueda más avanzado.

Se muestran a continuación las primeras 92 imágenes que se filtran bajo las palabras claves: “mujeres racializadas””:

Figura 1.
Figura 2.
Figura 3.
Figura 4.
Figura 5.

Las preguntas son: si la raza es algo que tenemos todos… ¿por qué se identifican a las mujeres racializadas como mujeres negras, gitanas, musulmanas, entre otros grupos humanos “no blancos” que han sido inferiorizados históricamente bajo la supremacía blanca? ¿Qué opinión les merece este término?

Dejo estas interrogantes para reflexionar, esperando que puedan unirse al debate, del cual estaremos hablando en mi próximo post.

Los espero 😉

¿Cuál es su color de piel?

Recuerdo la primera vez que solicité el carné de identidad en Cuba. Fue muy emocionante ese día, tanto, que no me pesaba madrugar para evitar la extensa cola que siempre arrastran los trámites en las oficinas del Ministerio del Interior.

Flotaban en mi cabeza emociones propias de una menor de edad. La idea de tenerlo en mis manos simbolizaba un paso hacia la adultez, lo que representaba que poco a poco iba alcanzando mi libertad. Claro que en ese entonces me reservé este pensamiento porque mi madre y mi abuela se habrían reído en mi cara riñéndome con la típica frase de todos los días: “podrás hacer lo que quieras cuando te mantengas” (sumaban algunos improverbios más, pero mejor no mencionarlos).

Sustituir la tarjeta de menor de edad por el carné de identidad fue de los primeros pasos hacia la adultez. Cuando pasé por eso, el protocolo establecido era: la toma de la foto, las huellas, la entrega de los sellos y las preguntas mágicas: estatura y color de piel. Ya llevaba en mi cabeza las respuestas para estas dos preguntas, no tenía ningún conflicto al respecto.

Años más tarde tocó a mi primo pasar por el mismo proceso y recuerdo que días antes del “gran momento de transición hacia su adultez” estábamos bromeando con lo que sería su respuesta para la pregunta relativa al color de la piel. Las provocativas bromas venían dadas porque mi primo es hijo de mi tío (negro, de madre y padre negrxs) y mi tía (blanca, de madre y padre blancxs). Habían tres escalas de reconocimiento del color de piel: negro, blanco, mestizo o mulato y él se reconocía como mestizo. Hacíamos bromas en familia diciéndole que debía reconocerse como negro y él fuerte en su determinación, hasta reforzaba su mestizaje aduciendo que era “mulatico claro”. Todos nos reíamos ante esta ocurrente aseveración de un niño sin maldad ni consciente de que detrás de su respuesta había un halo de evidente racismo.  Y esto es sólo un ejemplo de la complejidad que lleva hablar de colores de piel en Cuba.

La diversidad de fenotipos populares cubanos es tan amplia que para referirse al color de piel no blanca han sido construidas por la ciudadanía ciertas denominaciones que recurren al paternalismo y al interés de disminuir la histórica carga despectiva que tiene la palabra “negro” en el contexto. Un ejemplo lo constituye el uso de diminutivos con independencia de la edad de la persona a la que va dirigida, por ejemplo: «negrito(a)», «prietecito(a)», «mulatico(a)». También es común el uso del término acompañado del posesivo para implicar confianza y familiaridad, lo que lo hace más afectivo, por ejemplo: mi negro(a) que puede ser sinónimo de «mi socio(a)», «mi amigo(a)»  y emplearse para designar a personas de las más variadas pigmentaciones.

Todo ello me llevó a una pregunta: ¿Se sabe cuáles son las cifras de la población negra y blanca en Cuba? Esta interrogante me hizo sumergirme en una consulta. Un primer censo registrado en 1774 arrojó poco más de 170 mil habitantes, donde predominaban alrededor de 30 mil hombres más que el número de mujeres. El 56 por ciento de los individuos fueron descritos como blancos y un 29 por ciento de piel negra. Con sed de estadísticas oficiales que dieran cuenta de la situación actual encontré un Informe de la ONE (Oficina Nacional de Estadísticas) de 2016 titulado “El color de la piel según el censo de población y viviendas de 2012”.

Su antecedente se encuentra en una monografía publicada en el año 1985, que bebió de información aportada por el Censo de Población y Viviendas de 1981 y el más inmediato a este fue un intento en el año 2008 sobre el censo del 2002 pero al final no fue editado. En esto queda explícitamente expresado la falta de interés que existe en el país por hacer una evaluación coherente sobre este tema. 

Del mismo informe cabe destacar que en el año 2012 existía un predominio de personas blancas, siendo negra la menor parte de la población. Si luego comparamos las estadísticas del comportamiento de etnicidad a lo largo de los años 1774 a 2012, esta característica se mantiene casi como constante.

Según estos informes, la población blanca siguió constituyendo el grupo predominante. Las diferencias entre los años se encuentran en el crecimiento-decrecimiento de la población negra y mulata.

Fig 1. Relación de la estructura de la población por color de la piel (%) (Tomado de Informe ONE, 2016)

Es curioso cómo han sido estudiadas las distintas pigmentaciones de la piel que caracterizan el fenotipo popular cubano. Las escalas de colores que se manejan en el argot popular son diversas y llenas de contrastes; amplían las comunes denominaciones de la piel: “blanca-negra-mulata” y matizan culturalmente las connotaciones que tienen, reforzando los prejuicios y mitos racistas.

Otra cuestión importante sobre este tema radica en el margen del error de las estadísticas: la posible parcialidad de los resultados. Tal como fue establecida la pregunta, queda abierta a la consideración del entrevistado, mediada por las percepciones, prejuicios y estereotipos que carga la categoría “color de la piel” en el autoconsciente de cada persona. Por tanto, la elaboración del cuestionario censal refleja el sesgo que presenta la forma en que fue redactada la pregunta. Esto pudo condicionar el no reconocimiento de un color de piel por el hecho de que algunas personas se fuerzan a no identificarse con una característica que ha sido marginada desde tiempos históricos.

Fig. 2: Tomado de: https://negracubanateniaqueser.com/2013/03/18/el-color-de-la-piel-en-censo-cuba-2012-ii/

Si tan sólo pudiéramos volver a los tiempos en los que el vocablo “raza” no existía y por tanto no suponía una fatal caracterización del ser humano… Pero estamos en un punto en el que se ha unido la necesidad de luchar contra la discriminación racial y aceptarnos como iguales, sobre la base del respeto a las diferencias. Comprenderlo a nivel de ciudadanía no es suficiente si se da por superado el problema a niveles macrosociales y gubernamentales.

Por absurdo que parezca, las variaciones en cantidad y tipo de melanina, pigmento que da color a nuestra piel, determina cada aspecto de nuestra individualidad y vida social. Por tanto, la respuesta a una pregunta tan sencilla como “¿cuál es su color de piel?” viene predispuesta por condicionamientos sociales que laceran hasta la más profundo, la vida de quienes no cumplan con la norma de llevar inscrita en su piel la blanquitud.  

De camino a casa…

Las razas no existen, ni biológicamente ni científicamente. Los hombres por su origen común, pertenecen al mismo repertorio genético. Las variaciones que podemos constatar no son el resultado de genes diferentes. Si de “razas” se tratara, hay una sola “raza”: la humana.

José Marín González,
Doctor en Antropología de la Universidad La Sorbonne de París

Cuando miro hacia atrás y recuerdo cómo se han desarrollado algunos acontecimientos en mi vida, me siento ausente. No quiero sonar melodramática pero es la sensación que a veces tengo ante experiencias pasadas que me chirriaban un poco, pero que terminaba ignorando por el aquello de que “a todo nos tenemos que acostumbrar”.

Ahora me fuerzo a cuestionármelo todo. Me rehúso a ser conformista, ignorando situaciones y vivencias que en nada nos sientan bien, haciendo caso omiso al maltrato porque sólo tenemos una vida para hacer lo que queremos y para estar satisfechos con nosotrxs mismxs. Ante la duda de un “lo tomas o lo dejas”, prefiero apostar por lo primero.

Ayer andaba reflexionando sobre la repentina idea de crear este espacio, me preguntaba si se me habrían cruzado algunos cables en la cabeza. Soy una persona reservada, pero lo que quiero en el fondo es gritar, quiero que este sea el espacio para que gritemos y nos escuchemos todas y todos. Y es ahora que quiero hacerlo porque me conozco, cuando termino pensando demasiado una idea, al final demoro tanto en decidirme a hacerlo que acabo desistiendo de ella.

Desarreglado, espontáneo y brevísimo son las palabras que describen mi primer post y debo confesar que me tomó 5 minutos redactar las 53 palabras que lo conforman… Ufff empezar siempre me ha parecido una tarea titánica porque requiere el valor de poner el punto de partida.

Ayer, cuando me doy a la tarea de buscar en mis recuerdos una historia sobre la que reflexionar, se enciende una ráfaga de momentos pasados justo en el bus camino a casa y me vi sentada 5 años atrás en el aula donde cursé los estudios en la universidad. Luego quise forzar la retrospectiva y me vi sentada 3 años antes en las aulas del IPVCE Vladimir I. Lenin  y luego se sumaron tantísimas veces en las que me he visto sentada en un aula, como pupila de clases impartidas por profesores diversxs.

Cuando me doy a la tarea de comparar lo que observaba a mi alrededor, me llama algo la atención. Creo que en todo este tiempo no había caído en lo que ayer tuve como una impresión tardía que empezó a sonar en mi cabeza como una conclusión de todas mis experiencias dentro de un aula: la mayor parte de mis compañerxs han sido de piel blanca. Soy cubana, habanera, negra y la verdad es que estas experiencias han pasado por mi vida como si nada. No era algo que me cuestionara, me preocupara o me acomplejara; simplemente era normal, pasaba ante mi vista como natural. Ahora me lo cuestiono.

Cuba es una nación de convivencias, integraciones y mezclas culturales diversas que emergieron desde la descomposición del régimen colonial esclavista español, en donde inmigrantes negros,  e  ibéricos (mayoritariamente  españoles), indígenas, chinos fueron entrando en la sazón de lo que hoy conforma nuestra cubanidad. Bien lo dijo Fernando Ortiz cuando expresaba que “Cuba es un ajiaco (…) La imagen del ajiaco criollo nos simboliza bien la formación del pueblo cubano (…) Mestizaje de cocinas, mestizaje de razas, mestizaje de culturas. Caldo denso de civilización que borbollea en el fogón del Caribe”.

Fernando Medina Fernández (Revista digital Cubahora)

Blancos, mestizos y negros definen la categorización que se le ha dado en los censos oficiales a la población. Tres grupos raciales que aunque conforman una misma nación no tienen igualdad de condiciones porque las escalas sociales en Cuba por mucho que se quiera afirmar lo contrario, no son homogéneas. Y esto lo afirma Esteban Morales, al decir que las estadísticas heredadas de la República se comportan del modo siguiente: los blancos aparecen siempre en una mejor situación, los mestizos se encuentran en una posición intermedia y los negros en el sótano de la sociedad. De modo que, aunque la pobreza también puede ser blanca, la riqueza casi nunca es mestiza y mucho menos negra. Por lo que todos los blancos no son ricos, aunque sí la inmensa mayoría de los negros y mestizos son pobres.

Una vez más vuelvo a lo que quiero con esta reflexión y es mostrar cuestionamientos que no se visibilizan a la luz de una realidad que se supone de cambios en mi país, mi tierra, mi cuna, mi sangre… Estoy orgullosa de ser mujer, negra, cubana pero también inconforme con las políticas que silencian las cuestiones de género, etnia y clases sociales, políticas que reclaman interseccionalidad a la luz de estos tiempos.

De repente, inmersa en mis recuerdos en el bus de camino a casa, caigo en cuenta que volví a hacerlo, dejé pasar la parada en la que debía bajarme. Siempre me pasa y acabo suspirando porque al parecer mis pérdidas de orientación no tienen remedio, pero esta vez fue distinto, había encontrado la idea con la que arrancar… estaba ansiosa por empezar.

Hola!

Si hay alguien que pueda decir quién eres y puede definirte, esa eres tú misma y bajo este lema es que pretendo levantar mis cuestionamientos e interrogantes, mis experiencias vividas como mujer negra.

No quiero generar expectativas, sólo deseo convertirlo en un espacio de autorreflexión en donde juntxs todxs podamos contruirlo…

¿Te animas?

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